miércoles, 18 de septiembre de 2013

revista "La San Pugliese" lanza 3er número! | Orquesta Obrera Femenina + todo sobre el Edificio y más...!


Luego de hacerse desear vuelve La San Pugliese - revista del ceempa, con más vida que nunca!
con la Orquesta Obrera Femenina + todo sobre el Edificio Nuevo y más...!

La revista de los estudiantes, la revista de la EMPA


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La nota sobre la Orquesta Obrera Femenina de "Alpargatas" no pudo entrar completa en la revista así que a continuación les dejamos la NOTA COMPLETA. Pero antes que nada desde el CEEMPA-conducción "Aníbal Troilo" queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento y felicitaciones a los alumnos Federico Lugowiak y Gabriel Tissera (quien a su vez es integrante de la conducción del ceempa) así como a la profesora de la EMPA Paula Vilas por la voluntad y el compromiso de llevar a cabo una investigación tan enriquecedora, que implicó los esfuerzos de ir a entrevistar a la señora que vivió esta experiencia, reflexionar sobre los datos y los diferentes aspectos, y plasmar en papel todas estas experiencias para el alcance de todos. Asimismo agradecemos a la señora Inés Laguzzi por haberse abierto a compartir con toda la comunidad su vivencia que creemos es fundamental para todos los que hoy hacemos, estudiamos y amamos la música, así como para toda la sociedad. 

Por esto mismo tenemos la convicción de que esta revista San Pugliese puede y debe funcionar como un espacio para difundir y amplificar estas voces, proyectos y debates que tienen que ver profundamente con nuestro sentido y nuestra identidad como músicos populares que se forman en esta escuela de Música Popular. Sigamos construyendo y recuperando nuestra historia, nuestro significado. 


Una Orquesta Obrera en Argentina, relatos de una experiencia transformadora

La siguiente nota se trata de un trabajo de investigación de la materia Canto Colectivo de la profesora Paula Cristina Vilas de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), con la participación de los alumnos Federico Sebastian Lugowiak y Gabriel Lautaro Tissera.



En la fábrica "Alpargatas" del barrio de Barracas, ciudad de Buenos Aires, en la década del '40, funcionó durante varios años una Orquesta en donde los obreros fueron sus principales protagonistas. Cabe destacar además que era una orquesta Femenina, por lo tanto todos (o mejor dicho todas) sus integrantes eran mujeres trabajadoras. Recientemente nos encontramos con Doña Inés Laguzzi (la abuela de Federico), una trabajadora jubilada de “Alpargatas” que participó de dicha orquesta. Hoy con sus 94 años nos brinda su testimonio que da cuenta de una experiencia significativa tanto para su vida como para hacernos reflexionar acerca de aquella práctica y su potencial en el contexto actual.  

Por ejemplo, ¿por qué se decidió que las trabajadores hicieran/”produjeran” música, en vez de que fueran meramente agasajados con música en vivo (lo cuál hubiera sido también legítimo)? ¿Qué impacto generó y puede generar este tipo de prácticas en aquel ámbito, tanto desde lo personal como desde lo social? ¿Es posible reproducir una experiencia similar hoy día? ¿Cómo podría ser reformulada? ¿A qué ámbitos además de las fábricas podría llevarse? ¿Qué interrogantes se abren en relación a la formación musical profesional actual, teniendo en cuenta que quienes tocaban en esa orquesta no eran “profesionales”?



Nuestra primer gran sorpresa fue saber que las obreras eran quienes tocaban en esa Orquesta, y no músicos con estudios académicos, y que su aprendizaje musical se dió ahí mismo en el contexto de la fábrica donde trabajaban. Fue una iniciativa de quien fuera el fundador y dueño en aquel tiempo de la fábrica, Roberto Fraser, quien había visto (y tal vez realizado) experiencias similares en su natal Inglaterra; así también se encargaba de impulsar y solventar todos los gastos que dicho proyecto implicaba.

Se trataba de la década que abarcaba parte la presidencia de Ortíz, pasando por la presidencia de Castillo, los gobiernos de facto de Rawson, Ramírez y Farrell y la primer presidencia de Perón.
Su denominación habitual era "Banda de Señoritas de la Fábrica ‘Alpargatas’". Su composición era similar a las brass bands (bandas de metales) de Inglaterra y países vecinos. Como podrán ver en la foto todas las participantes llevaban puesto un uniforme que las identificaba y que formaba parte del hecho artístico y profesional. Comenta Doña Inés que en todas las funciones las señoritas de la Banda cobraban por tocar y que las trasladaban a todas las locaciones, "pués claro! era un trabajo” anunciaba la señora con naturalidad sobre algo que para nosotros era, hasta ayer, impensable. Así que además de trabajar 8 horas de operarias en la fábrica, ensayaban después entre 2 y 3 horas, más las funciones. Cabe aclarar que el ingreso a la banda era voluntario, y había un cupo limitado. 
Rezaba una revista de la fábrica: “Es así como hoy tenemos una banda formada por 75 chicas, operarias, revisoras y empleadas.”  “Los estudios y ensayos se realizan después de nuestra horas de trabajo diario y en nuestros hogares, ya que nos permiten llevar los instrumentos” decía una trabajadora.

La tarea de Inés en la fábrica consistía en administrar y preparar los productos que se vendían. Comenta que “Alpargatas” era considerada una fábrica modelo en su tiempo porque, como casi ningún otra, ofrecía diferentes servicios a sus trabajadores (cursos, baños con duchas, pedicuría, dentista, farmacia, almacén, etc.) así como promovía un vínculo comunitario y de pertenencia -se realizaban bailes en la fábrica, y en cada entrega del aguinaldo (recientemente creado en el ‘45) la fábrica entregaba almanaques, a modo de presentes, a sus trabajadoras-.

¿Cómo era hacer música en ese contexto?

La fábrica otorgaba el instrumento necesario a cada integrante de la banda y, también, a cada aspirante a ingresar a la banda para que pudieran llevárselo a su casa y así practicar la técnica y las obras a interpretar. Doñá Inés ingresó a la banda a los 3 meses después de haber estado practicando con su instrumento gracias a esta facilidad que otorgaba la fábrica. Comenta que ingresó a sus 20 años aproximadamente y participó durante 10 años en la banda, desde 1940 hasta 1950.

A Doña Inés, en su primer clase, el profesor le preguntó qué instrumento quería aprender, a lo que ella  contestó "el tambor", pero intuitivamente el profesor le recomendó que tocase un instrumento de viento debido a sus labios, y así le designó el “barítono” (eufonio) y le explicó cómo funcionaba. Ella siempre recordará que apenas sopló por primera vez por la boquilla logró una nota definida.

El eufonio barítono es un instrumento de viento de metal de forma más o menos similar a una tuba pero de menor tamaño, y no es pesado. Cuenta con 3 pistones que regulan la notaprincipal que se obtiene al soplar por la boquilla. A la hora de leer partituras, se agregaba un pequeño atril adherido al instrumento para que así el intérprete pudiese leer y tocar mientras, por ejemplo, caminaba por la calle junto con toda la banda.
Ensayaban a partir de la 1 de la tarde durante 2 o 3 horas luego del horario de trabajo de las señoritas obreras. Esas horas eran repartidas entre tiempo de ensayo grupal, y tiempo de clase individual. Cada integrante de la banda tenía una clase con un profesor capacitado para cada instrumento. O sea, había varios profesores involucrados.

Cabe destacar que para ingresar a la banda era necesario rendir un examen de poca exigencia, que consistía en la interpretación de una obra al estilo de "arroz con leche".

Características de la Orquesta

La Banda estaba conformada por clarinetes, eufonios, trompetas, trompetas con estandarte (en la foto: arriba a los costados), tubas, trombones, tambores. Eran alrededor de 75 y 85 músicas. A su vez estaba el grupo de las bastoneras (en la foto: abajo a los costados junto con los profesores, directores, y dueño de la fábrica) que hacían su coreografía quienes eran dirigidas por “el profesor Smith”, según cuenta Doña Inés. A su vez quien dirigía al resto de la banda era “el profesor Robota”; ambos de origen inglés.
La entrevistada da cuenta de toda la performance y la vestimenta que acompañaba este proyecto musical de gran despliegue. Cada una tenía su lugar donde guardarse los zapatos, las botas para desfilar, las polleras tapeadas azul, blusas de satén blancas con la letra “A” de “Alpargatas”, las casacas, y un sombrerito. Todo está claramente visible en las fotos.
Comenta Doña Inés que el repertorio de la banda consistía en marchas y valses vieneses, correspondientes a la época.


Funciones

La Banda tenía numerosas funciones periódicamente. Podía ser cualquier día, fin de semana, o en la semana. Siempre a la noche -“íbamos a todos los teatros”, “la banda era un trabajo”.- comenta Doña Inés.
“En la fábrica nos daban la cena previamente. Comíamos y salíamos. De ahí nos llevaban en coche, siempre con los mismos choferes.“ ”Por concierto nos pagaban $15.” Y agrega:”Por ejemplo con la plata de los conciertos ¡me compré un tapado de piel!.”

“Las iglesias grandes nos pedían e íbamos a tocar”. Por ejemplo en La Plata “íbamos mucho a los colegios de las iglesias”. Nos comenta que tocaron también en Lanús, en una sede de Racing en Flores. Además, tocaban en quermeses, y en actividades organizadas por “señoras de beneficencia” (colectas de caridad), que provenían de clase alta, algo muy común en aquella época, especialmente en las Barrancas de Belgrano. Agrega Doña Inés que, como hecho paradigmático, llegaron a tocar en el Teatro Colón para Perón y Evita.

Asimismo nos comenta que pudieron viajar a otros lugares alejados de Buenos Aires como Mar del Plata y Tucumán.
En Mar del Plata tocaron marchando por la calle y luego en el casino. Tucumán fue un viaje muy especial tanto para Doña Inés como para toda la Orquesta. Fueron a la ciudad de Monteros, a un ingenio azucarero. Estuvieron acompañadas por “profesoras” encargadas de su cuidado durante todo el viaje. Además, nos cuenta que durante esta jornada las llegó a acompañar el ministro de educación de la época (del ’49 al ’51).  Un hecho muy significativo es que en este viaje cantó Hugo del Carril (cantor popular argentino) con la Orquesta de Alpargatas, con su ya clásico y conocido "Los Muchachos Peronistas". A su vez fueron agasajadas con comida regional durante su estadía. Es preciso dar cuenta del cuidado y la organización que tenía la fábrica hacia las señoritas de la Banda, la cuál había contratado personal para que las acompañe. La entrevistada menciona que “una vez el conductor se mamó y el profesor nos dijo ‘chicas, uds no van a viajar en ese micro, las vamos a juntar a todas en el mismo micro del conjunto criollo.”
A cuenta de esto, nos comenta que viajaron también con un "Conjunto Criollo", otro proyecto musical también gestionado por la Fábrica, que hacía Folklore, y estaba compuesto tanto por músicos como bailarines, ambos trabajadores de Alpargatas. “Primero tocaba el Conjunto Criollo y luego la Orquesta.”

Algunas reflexiones

Lo primero que pudimos ver es el fuerte vínculo emotivo que guarda la Sra. Inés Laguzzi con esta vivencia. Esto a la vez deja entrever el impacto y potencial emocional y subjetivo de este proyecto de Banda Obrera, y su fuerte componente des-alienante, algo que en el contexto de una fábrica y el trabajo puede ser sumamente transformador. En otros términos, los procesos de alienación y de pérdida de subjetividad suelen estar muy relacionados al contexto laboral. Se trata de la imágen típica que representa muy bien Charles Chaplin en su clásico "Tiempos Modernos" del obrero que manipula un tornillo tras otro, y es a la vez parte del engranaje de la misma fábrica. Un sujeto completamente desmotivado y sin vida. Por eso el principal valor de este proyecto de Orquesta Obrera tiene que ver con el impacto emotivo y subjetivizante, a la vez que revaloriza socialmente el lugar del obrero. 
Así también nos sorprendimos de la singularidad de esta experiencia, y su escaso grado de información general en otros medios. Investigando sólo pudimos encontrar algunas pocas notas periodísticas sobre una fábrica similar en Mar del Plata, denominada “Flandria”.
Además, destacamos la importancia que tuvo en un tiempo cada fábrica para su comunidad, y donde el “trabajar” y la dignidad del “trabajo” no sólo eran entendidos como una actividad de subsistencia (“hacer”) sino como una actividad integral de la vida (“ser”). Hoy suele vincularse ese sentido del "ser" únicamente a las actividades profesionales académicas; se "es" abogado, médico, etc, pero no se "es" obrero, se "hace". 
Que la escasa formación profesional con el que contaban las señoritas (sólo consistía en poder tocar “Arroz con leche” o similares) ya les permitiera ser partícipes de un proyecto de gran despliegue profesional, también da cuenta de esta concepción relacionada con el “hacer” y el “ser” que pone en discusión la concepción actual sobre la profesión como algo que se obtiene sólo con “el título” o con la “academización”. Con esto no queremos desmerecer la formación académica, sino ayudarnos a repensar estas cuestiones. 
A su vez es necesario revalorizar la experiencia de “lo colectivo”, de la proliferación de orquestas y bandas grandes durante una época (en este caso fuera del ámbito laboral, en su mayoría de tango), que luego se fue perdiendo a través de los años, con la profundización de una cultura individualista y la desintegración de un modelo productivo que lo permitía (cierre de fábricas, menos trabajo, etc), sumado a las dificultades para combinar horarios de ensayo entre muchos músicos. Hoy pensamos que es posible recuperar algo de eso, y ya lo estamos viendo con la aparición de varias orquestas de tango (tanto el nuevo, como el más tradicional), así como bandas de otros géneros (jazz, cumbia, etc) con numerosos instrumentistas.
Asimismo, dar cuenta del contexto de la Banda y los diferentes escenarios para los que estaba pensada, tanto para tocar en un teatro, como en la calle donde sólo los instrumentos de alta resonancia (como lo son los vientos-metales que componían la orquesta), podían hacerse escuchar entre la muchedumbre, y lo que es más importante: para la muchedumbre. Por ejemplo, eso no sería posible sin la implementación del sistema del pequeño atril adherido al instrumento con el cuaderno de partituras para poder tocar caminando. 

Tal vez algunas de estas cosas parezcan a simple lectura, cuestiones intrascendentes, pero creemos que pueden echar luz, no sólo sobre el porqué de una orquesta de tal magnitud y características durante aquella época, sino más bien sobre el porqué de pensarla hoy. Al principio abríamos la nota con varias preguntas que nos permitan reflexionar sobre esto. Pero la idea no es encontrar una respuesta cerrada a cada una de ellas sino permitir que todos y cada uno de los que hacemos y estudiamos música, o incluso enseñamos, pensemos y aportemos en este sentido. Proponemos así socializar esta información, y dejar un pequeño aporte para la investigación y desarrollo de nuevos proyectos que echen luz sobre las necesidades culturales, políticas, sociales, comunitarias, académicas, (por qué no) económicas, del aquí y ahora. 

Federico Sebastian Lugowiak y Gabriel Lautaro Tissera



CEEMPA - Conducción "ANIBAL TROILO"
Centro de Estudiantes de la Escuela de Música Popular de Avellaneda

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